Un conflicto muy especial
Miércoles 1ro de febrero de 2012, por Horacio Meguira *
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¿Se justifica tanta expectativa en la medida de fuerza dispuesta por la Federación de Camioneros? El conflicto se origina en el despido masivo de trabajadores y en la represión de la protesta en la provincia de Chubut por parte de las fuerzas provinciales.

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* Director del Departamento Jurídico de la CTA

La estabilidad en el empleo es vista como manifestación intensa y enérgica del derecho “al trabajo” durable, de su conservación con permanencia y continuidad. Para vastos sectores del movimiento obrero constituyen cuestiones claves y están dispuestos a defenderlo con la más efectiva de las tutelas: el derecho de huelga.

Sin embargo, otros sectores entienden al despido como un derecho inherente al poder de dirección del empleador. Para el ministro Tomada, en el sistema legal argentino está permitido el despido incausado. Muchos sindicatos aún lo entienden así, y ante este tipo de medidas por parte de las empresas, sólo procuran la reparación monetaria.

Otro factor a destacar es que este conflicto, en sus orígenes, fue reprimido por las fuerzas provinciales en un clima de intolerancia y criminalización de la huelga y la protesta.

Es la entidad de segundo grado que “se hace cargo” y hace jugar los viejos sistemas de solidaridad interna. Un conflicto provincial y sectorial se convierte en un conflicto general.

De allí que el Ministerio de Trabajo Nacional aplica la conciliación obligatoria a uno de los conflictos, e intenta por ese medio que su efecto se extienda a otras medidas que pueda disponer el gremio, tales como movilizaciones, bloqueos, etc. Advierte el peligro de dicha generalización y previene que lo que comenzó con despidos, puede derivar en otros reclamos.

La medida de fuerza se efectúa con elementos propios del conflicto clásico: negación de tareas; pero también se utilizan nuevas formas, propias del conflicto territorial, tales como piquetes y bloqueos o escraches.

Esta estrategia busca generar lesividad en toda la cadena del servicio (tercerización), Correo del Sur (Camuzzi) y Correo Argentino. Y amenaza con protestar en la sede de la empresa multinacional y en la embajada de país de origen (Italia). El crecimiento de Camioneros en estos años se basó principalmente en la incorporación de sectores de empresas vinculadas a la “logística” y al transporte, confrontando con otros gremios de actividad que incluían en sus convenios colectivos a dichos sectores.

A su vez el escenario político en que sucede resulta peligroso para el gobierno que intenta conducir la conflictividad. Se produce en los umbrales de la negociación salarial de los principales sindicatos y con intención de intervenir (se creó una comisión especial de seguimiento del salario) para que los porcentuales salariales no se extiendan más allá de los topes previstos (18%) en sus planes económicos.

El conflicto tiene al sindicato del secretario general de la CGT como protagonista, en medio de un debate de sucesión, con claras intenciones por parte del gobierno de intentar influir en su futura conducción. Tal como lo hizo con la CTA, presiona para dividir y que las direcciones sindicales adhieran al “modelo”.

La ley de conciliación obligatoria está pensada para otro tipo de conflicto y para otras estrategias sindicales, donde la lesividad se provoca sólo con la suspensión de tareas. Cuando la aplica fuera de ese contexto los efectos de “paz social” no pueden ser aplicados a otras medidas previstas “fuera” del ámbito donde se originó. La estrategia múltiple no es contenida por esta ley concebida para otro tipo de actividad productiva.

La conflictividad se está desarrollando y tiene a los dos secretarios generales de las centrales sindicales (CGT y CTA) dispuestos a tener protagonismo con una clara conciencia del “tiempo político-social” que se avecina. Como siempre, la puja distributiva y la lucha económica aparecen confundidas con otras luchas y otros conflictos.

Pero es evidente que en estos años el movimiento obrero ha crecido y madurado. Las sucesivas crisis por las que atravesó la clase trabajadora le han generado “anticuerpos” que van a impedir la revocación de las conquistas.

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