Unidad de acción
Lunes 13 de febrero de 2012, por Horacio Meguira *
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Estamos en el final de un ciclo de crecimiento económico. Existe una desaceleración importante de la economía, producto de la crisis que comenzó en el 2007. La primera etapa de la crisis (2007/08) se superó con una serie de medidas de gobierno.

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* Director del Departamento Jurídico de la CTA

Algunas de ellas acertadas como subsidios salariales, los que han servido temporariamente para preservar el empleo ya existente, pero sin retomar el crecimiento de puestos de trabajo desde el inicio del ciclo ascendente del 2003.

Pero ahora se ha profundizado, se está modificando el paradigma productivo. La resolución racional y pacífica del conflicto en esta etapa de alta intensidad es fundamental para garantizar la continuidad democrática.

Sin embargo, ya hay síntomas que esa conducta pretende ser saboteada: represión policial, asesinatos. El Gobierno bordea la tentación autoritaria. Tenemos muchos ejemplos en la historia que nos demuestra que este tipo de conflictividad se resolvió por la fuerza.

Los conflictos de producción y trabajo tuvieron reflejo en el sistema político del Estado. Muchas luchas sociales se llegaron a resolver por la fuerza. Inclusive con golpes de Estado.

No se puede jugar con fuego en las relaciones laborales. Todo el sistema productivo está basado en el trabajo y su vínculo con el capital. Desde el Observatorio de Derechos Sociales de la CTA llevamos estadísticas de conflicto y negociación colectiva. El conflicto informal (que no tiene una representación sindical) creció desde 2003: estaba en 11% y llegó al 17% en el 2011. Cuando hay crecimiento del conflicto informal es una pauta concreta del crecimiento de la conciencia del trabajador, planteada la reivindicación: se auto-organiza.

En este período de alta conflictividad social ha crecido el sindicalismo clásico, las organizaciones sociales, han crecido los partidos políticos de clase, la representación formal e informal, en general ha crecido la conciencia de la clase trabajadora. No va a haber tolerancia ni aceptación de la imposición unilateral, ni de la represión, ni la rebaja de las conquistas recuperadas.

Hugo Moyano y una parte de la CGT (especialmente lo que provenía del MTA de los 90) y la CTA son un emergente de esta conflictividad de alta intensidad, que se mantuvo en el tiempo desde los 90 hasta ahora.

Ambos concluimos en la autonomía de la clase, pero ellos permanecen en la lógica justicialista, la CTA desde su fundación es pluralista.

Nuestras creencias son diferentes, los métodos de acumulación también lo son. Cada uno tiene un proyecto político-social propio. Lo que sí es común que ambos sectores no estamos dispuestos a subordinarnos al poder político de ningún partido.

La lógica de liderazgo del sector de la CGT se relaciona con el viejo modelo sindical, su sistema de construcción es vertical. La CTA no cree en las vanguardias ni el sistema de liderazgo que conduce uno solo o con un pequeño grupo. Creemos que es posible un sistema democrático, plural sin "conductores". Lo intentamos llevar a la práctica. Aún con errores, somos consecuentes a las ideas fundacionales.

Promovemos la organización autónoma de los trabajadores, libre y voluntaria. Propiciamos que los trabajadores deliberen democráticamente, sin ningún tipo de subordinación.

Por eso queda claro en el discurso del secretario general de la CTA, Pablo Micheli, que nos plantemos la unidad de acción con un pliego reivindicativo común.

Pero esa unidad de ninguna manera implica resignar nuestras banderas fundacionales: libertad sindical y construcción de autonomía para la emancipación.

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